Política

El plan de Patricia Bullrich para sortear la crisis y posicionarse en la carrera presidencial

La titular de Pro acelera la construcción de su proyecto nacional y pulsea con Rodríguez Larreta para reclutar aliados

La crisis política y económica no alteró su hoja de ruta. Mientras varios de sus socios en Juntos por el Cambio optaron por suspender recorridas en el territorio o evitar la sobreexposición frente a la creciente incertidumbre en la sociedad por la turbulencia financiera y la disparada inflacionaria, Patricia Bullrich aceleró la construcción de su proyecto presidencial.

Decidida a pelear por la sucesión de Alberto Fernández en 2023, la titular de Pro intensificó sus visitas a distintos rincones del interior del país y sus bajadas a los distritos más poblados del conurbano bonaerense para posicionarse en la carrera presidencial. Consciente de que su principal adversario, Horacio Rodríguez Larreta, controla la superestructura política de la Ciudad, una herramienta clave para instalarse como candidato, Bullrich redobló esfuerzos para exhibir equipos y recaudar fondos para financiar su campaña. De hecho, los miércoles al mediodía interrumpe su raid proselitista para almorzar con empresarios interesados en contribuir con el proyecto de la exministra de Seguridad.

Si bien Elisa Carrió, la líder de la Coalición Cívica, les sugirió a sus socios en Juntos por el Cambio que suspendan las agendas de campaña por la magnitud de la crisis económica y la fragilidad institucional, Bullrich entiende que es momento de dar muestras de liderazgo. Percibe desde hace meses un alarmante desánimo en sus contactos con la gente. Incluso, les comentó a sus laderos que hay personas que rompen en llanto en sus visitas a las zonas más postergadas. “Tenemos que estar cerca en un momento tan duro como este”, dicen quienes la rodean y comparten sus ambiciones presidenciales. Es más, Bullrich estrenó un latiguillo para surfear la crisis: “Yo estoy y me hago cargo”.

Patricia Bullrich en la Exposición Rural de Palermo

Patricia Bullrich en la Exposición Rural de PalermoHernán Zenteno - LA NACIÓN

A la vez, la exministra pretende tomar distancia de la feroz interna entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner que resquebrajó al Frente de Todos y descarta de plano aceptar un eventual llamado al diálogo del oficialismo tras el desembarco de Sergio Massa como ministro de Economía. Si bien mantiene un elevado perfil mediático, no quiere transformarse en “una comentarista de la crisis” en el oficialismo. “Hay que mantener la distancia del Gobierno. Han decidido sus cambios y su proyecto. Han llegado a esta situación destruyéndose entre ellos y especulando y dejando a la gente en una situación de orfandad”, evangeliza a los suyos.

Por eso, apuesta a todo o nada a su formato de campaña: cercanía y exhibir una “concepción clara” de proyecto de país para ser una alternativa de poder en 2023.

Desde el larretismo insisten en que Bullrich no logró darle una mayor musculatura a su equipo ni “solidez” a su proyecto nacional durante los últimos meses. No solo se jactan de que la mayoría de los dirigentes del interior del país o los intendentes de los distritos más poblados de Buenos Aires ya “cerraron” con el alcalde, sino que sostienen que el seguimiento del plan que prepara la Fundación Pensar, el think tank de Pro, para 2023 está bajo la órbita de funcionarios larretistas. Por ese motivo, confían, Macri se terminará inclinando por el alcalde en caso de decida no jugar en las próximas elecciones. Apuestan a que se imponga por inercia: imagen, equipos y plan.

En el entorno de la exministra rechazan las críticas de encumbrados miembros del gobierno porteño. Se aferran, sobre todo, al “furor” que generan las incursiones de Bullrich en el territorio, como un ocurrió en Paraná, pese al clima social crítico. Y están convencidos de que Larreta busca “invisibilizar” la campaña de Bullrich: “Sabemos hacer política con poca plata”, dicen cerca de la jefa de los “halcones”.

Bullrich confía en que avanzó en el armado de equipos, un déficit que le ayudó a corregir el expresidente Mauricio Macri. De hecho, el fundador de Pro les pidió hace meses a varios de sus dirigentes de confianza, como Hernán Lombardi, Luciano Laspina, Federico Angelini, Humberto Schiavoni y Dante Sica o Jorge Faurie, entre otros, que colaboren con el armado de la estructura de la exministra. Guillermo Dietrich, en cambio, apuesta por el proyecto larretista.

El desembarco de alfiles del macrismo -algunos tomaron distancia- generó tensiones en el ecosistema bullrichista. Si bien varios buscaron desbancarlo, Gerardo Milman se mantuvo como el principal armador de la titular de Pro. Es su mano derecha y el encargado de la estrategia en Buenos Aires, donde Bullrich impulsa como candidato a gobernador a Javier Iguacel, el intendente de Capitán Sarmiento. El exsenador Federico Pinedo -ponderado por Macri cuando ofició como mediador en los cónclaves de la cúpula de Pro en abril pasado, para aplacar las internas- ocupa una de las mesas estratégicas. En ese grupo también orbitan los escuderos de Emilio Monzó: el concejal de Tigre, Nicolás Massot, y el diputado nacional Sebastián García de Luca.

La titular de Pro, Patricia Bullrich, en la presentación de sus equipos

La titular de Pro, Patricia Bullrich, en la presentación de sus equiposPablo Añeli

Atenta al operativo que activó Larreta para acelerar los alineamientos en Pro con miras a 2023, Bullrich comenzó a “marcarles la cancha” a los aliados del alcalde que le juraron fidelidad. Por caso, visitó esta semana la localidad de Hurlingham sin avisarle a Lucas Delfino, funcionario porteño, quien pretende desbancar al peronismo en el terruño de Juan Zabaleta. A los laderos de la exministra les molesta la “modalidad delivery” que emplea Larreta para asistir a los dirigentes de Pro que aspiran a competir en el interior o el conurbano. “Se tienen que dar cuenta que para ser intendentes no les sirve la foto única, aunque les paguen la campaña”, espetan los “halcones”, que amenazan con armar listas propias en La Plata, territorio de Julio Garro, otro socio de Larreta. Es más, allí comenzó a tejer una candidatura el senador provincial Juan Pablo Allan, escudero de Bullrich. Lo propio hace Ramón Lanús en San Isidro, bastión del radical Gustavo Posse, quien selló una alianza con Larreta y Diego Santilli en las legislativas pasadas.

Pese a su recelo con los alfiles del larretismo, Bullrich decidió aplicar una receta salomónica en sus bajadas al conurbano o el interior del vasto territorio bonaerense, como ocurrió en su reciente visita a Mar del Plata. Intenta exhibirse con todos los sectores de la heterogénea coalición de Juntos por el Cambio. Se jacta, a diferencia de la nueva táctica de Larreta, de apostar por la integración, sin “aprietes”. En los próximos días está previsto que vuelva a compartir una actividad con el radical Alfredo Cornejo.

En el pelotón de Bullrich monitorean con cierto recelo los movimientos de Ricardo López Murphy (Republicanos Unidos). Sospechan que Larreta pretende instalarlo como candidato a presidente porque imagina que en una eventual interna con Bullrich, el “bulldog” podría restarle votos a la titular de Pro. Ambos, presumen en el larretismo, pescarían adhesiones en la misma fuente: el ala dura y libertaria de Juntos por el Cambio. “Ya lo tenemos medido y no nos perjudicaría ese escenario”, dicen allegados a Bullrich. López Murphy masculla bronca cuando intentan entrometerlo en las rencillas internas de Pro y advierte que su decisión no depende del plan del jefe porteño.

A la espera de que Macri defina si competirá o no en 2023, una decisión que alterará el mapa opositor, Bullrich acelera su plan para pelear por la sucesión de Fernández. Confía en sus chances para disputar la interna con Larreta y presume que Macri no se calzará el traje de elector. Quiere un enfrentamiento “sin padrinos”. Para Bullrich, es ahora o nunca.

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